lunes, 29 de octubre de 2007

Cervantes, "Don Quijote"

De allí a poco, descubrió don Quijote un hombre a caballo, que traía en la cabeza una cosa que relumbraba como si fuera de oro, y aún él apenas le hubo visto, cuando se volvió a Sancho y le dijo: -Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas, especialmente aquel que dice: "Donde una puerta se cierra, otra se abre".
-"Dígolo porque si anoche nos cerró la ventura la puerta de la que buscábamos, engañándonos con los batanes, ahora nos abre de par en par otra, para otra mejor y más cierta aventura; que si yo no acertare a entrar por ella, mía será la culpa, sin que la pueda dar a la poca noticia de batanes ni a la escuridad de la noche. Digo esto porque, si no me engaño, hacia nosotros viene uno que trae en su cabeza puesto el yelmo de Mambrino, sobre que yo hice el juramento que sabes.
-Mire vuestra merced bien lo que dice, y mejor lo que hace -dijo Sancho-, que no querría que fuesen otros batanes que nos acabasen de abatanar y aporrear el sentido.
-¡Válate el diablo por hombre! -replicó don Quijote-. ¿Qué va de yelmo a batanes? -No sé nada -respondió Sancho-; mas, a fe que si yo pudiera hablar tanto como solía, que quizá diera tales razones que vuestra merced viera que se engañaba en lo que dice.
-¿Cómo me puedo engañar en lo que digo, traidor escrupuloso? -dijo don Quijote-. Dime, ¿no ves aquel caballero que hacia nosotros viene, sobre un caballo rucio rodado, que trae puesto en la cabeza un yelmo de oro? -Lo que yo veo y columbro -respondió Sancho- no es sino un hombre sobre un asno pardo, como el mío, que trae sobre la cabeza una cosa que relumbra.
-Pues ése es el yelmo de Mambrino -dijo don Quijote-. Apártate a una parte y déjame con él a solas: verás cuán sin hablar palabra, por ahorrar del tiempo, concluyo esta aventura y queda por mío el yelmo que tanto he deseado.
-Yo me tengo en cuidado el apartarme -replicó Sancho-, mas quiera Dios, torno a decir, que orégano sea, y no batanes.
-Ya os he dicho, hermano, que no me mentéis, ni por pienso, más eso de los batanes -dijo don Quijote-; que voto..., y no digo más, que os batanee el alma.
Calló Sancho, con temor que su amo no cumpliese el voto que le había echado, redondo como una bola.

jueves, 11 de octubre de 2007

José Asunción Silva, "De sobremesa"

De repente sacudió la cabeza hacia atrás, y agitando los sedosos bucles de la cabellera castaña, la volvió en la dirección de mi asiento y los clavó en mí mirándome fijamente, con expresión severa. Eran unos grandes ojos azules, penetrantes, demasiado penetrantes, cuyas miradas se posaron en mí como las de un médico en el cuerpo de un leproso, corroído por las úlceras, y buscaron las mías como para penetrar, con despreciativa y helada insistencia hasta el fondo de mi ser, para leer en lo más íntimo de mi alma. Por primera vez en mi vida bajé los ojos ante una mirada de mujer. Me parecía que, en los segundos que sostuve la suya había leído en mí, como en un libro abierto la orgía de la víspera, la borrachera de opio, y penetrando más lejos, la puñalada a la Orloff, las crápulas de París, todas las debilidades, todas las miserias, todas las vergüenzas de mi vida. Incliné la cabeza avergonzado como un chiquillo de escuela sorprendido en falta, buscando una estrofa del libro. Sentía que sus miradas se habían posado en él, que ya sabía que era un libro de poesías, de aquellas poesías de Sully Prudhomme dulces y penetrantes como femeniles quejidos... Con la mirada que le dirigí habría querido pedirle perdón por haberla contemplado con mis ojos que han visto la maldad humana y se han delectado en su espectáculo, porque la luz de pureza, de santidad que irradió en los suyos a la primera mirada que cruzamos, me había sugerido no sé qué extraña impresión de místico respeto irresistible... Al mirarla de nuevo me encontré con sus pupilas fijas en mí, y habría bajado las mías si no hubiera visto en el azul de las suyas, en la curva de los labios finos, en toda la dulce fisonomía una expresión, de lástima infinita, de suprema ternura, compasiva, más suave que ninguna caricia de hermana. Aquella mirada derramó en mi espíritu la paz que baja sobre un corazón de cristiano después de confesar sus faltas y de recibir la absolución; una paz profunda y humilde, llena de agradecimiento por la piedad divina que leía en sus ojos. (Ginebra, 11 de agosto)

jueves, 4 de octubre de 2007

Edith Stein, "Ciencia de la cruz"

Es propio del artista representar en imágenes lo que interiormente le impresiona y pugna por manifestarse al exterior. Cuando hablamos de imágenes no pretendemos limitarnos al arte gráfico y representativo: se incluyen en esta expresión cualquier creación artística, sin excluir la poética ni la musical. Es, al mismo tiempo, imagen que representa algo, y creación: algo creado y encerrado dentro de sí mismo formando su pequeño mundo. Toda obra genuina de arte es además símbolo, háyalo pretendido o no el artista, tanto si éste es naturalista como si es simbolista. Símbolo: es decir, que de la plenitud infinita del sentido con la que tropieza necesariamente todo humano conocimiento, capta algo y lo hace manifiesto y lo expresa; y, por cierto, de tal manera que esa misma plenitud de sentido, inagotable para el conocimiento humano, encontrará en el símbolo una misteriosa resonancia. Así entendido todo arte auténtico es una revelación u la creación artística un oficio santo. A pesar de todo, sigue siendo verdad que en toda creación artística se oculta un peligro y esto no solamente cuando el artista no tiene idea de la santidad de su misión. Es el peligro de que se contente con la representación externa de la imagen, como si no existieran para él otras exigencias.

viernes, 21 de septiembre de 2007

Balzac, "Illusions Perdues"

Penser, rêver, concevoir de belles œuvres, est une occupation délicieuse. C’est fumer des cigares enchantés, c’est mener la vie de la courtisane occupée à sa fantaisie. L’œuvre apparaît alors dans la grâce de l’enfance, dans la joie folle de la génération, avec les couleurs embaumées de la fleur et les sucs sapides de fruit dégusté par avance. Telle est la Conception de ses plaisirs. Celui qui peut dessiner son plan par la parole, passe déjà pour un homme extraordinaire. Cette faculté, tous les artistes et les écrivains la possèdent. Mais produire ! mais accoucher ! mais élever laborieusement l’enfant, le coucher gorgé de lait tous les soirs, l’embrasser tous les matins avec le cœur inépuisé de la mère, le lécher sale, le vêtir cent fois des plus belles jaquettes qu’il déchire incessamment ; mais ne pas se rebuter des convulsions de cette folle vie et en faire de chef-d’œuvre animé qui parle à tous les regards en sculpture, à toutes les intelligences en littérature, à tous les souvenirs en peinture, à tous les cœurs en musique, c’est l’Exécution et ses travaux. La main doit s’avancer à tout moment, prête à tout moment à obéir à la tête. Or, la tête n’a pas plus les dispositions créatrices à commandement, que l’amour n’est continu.
Cette habitude de la création, cet amour infatigable de la Maternité qui fait la mère (ce chef-d’œuvre naturel si bien compris de Raphaël !), enfin, cette maternité cérébrale si difficile à conquérir, se perd avec un facilité prodigieuse. L’inspiration, c’est l’Occasion du Génie. Elle court non pas sur un rasoir, elle est dans les airs et s’envole avec la défiance des corbeaux, elle n’a pas d’écharpe par où le poète la puisse prendre, sa chevelure est une flamme, elle se sauve comme ces beaux flamants blancs et roses, le désespoir des chasseurs. Aussi le travail est-il une lutte lassante que redoutent et que chérissent les belles et puissantes organisations que souvent s’y brisent. Un grand poète de ce temps-ci disait en parlante de ce labeur effrayant : « Je m’y mets avec désespoir et je le quitte avec chagrin. » Que les ignorants le sachent ! Si l’artiste ne se précipite pas dans son œuvre, comme Curtius dans le gouffre, comme le soldat dans la redoute, sans réfléchir ; et si, dans ce cratère, il ne travaille pas comme le mineur enfoui sous un éboulement ; s’il contemple enfin les difficultés au lieu de les vaincre une à une, à l’exemple de ces amoureux des féeries, qui, pour obtenir leurs princesses, combattaient des enchantements renaissants, l’œuvre reste inachevée, elle périt au fond de l’atelier, oú la production devient impossible, et l’artiste assiste au suicide de son talent.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Julio ramón Ribeyro, "Prosas apátridas" (II)

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A veces tengo la impresión de que mi gato quiere comunicarme un mensaje. La obstinación con que me observa, me sigue, se me acerca, se frota contra mí, me maúlla, va más allá que el simple testimonio de sumisión de un animal doméstico. Advierto en su mirada inteligencia, prisa, ansiedad. Pero nada podré recibir de él, aparte de estas señas enigmáticas. Entre él y yo no hay siglos, sino centenares de siglos de evolución tan diferentes como una piedra de una manzana. Él, a pesar de vivir en nuestra época, sigue derivando en el mundo arcaico del instinto y nadie podrá comprenderlo sino los de su especie. Tendrán que transcurrir aún centenares de siglos para que la distancia que nos separa tal vez se acorte y poyada al fin entender lo que me dice, lo que seguramente no pase de un lugar común: hay una mosca, hace calor, acaríciame. Como cualquier ser humano, en suma.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Perlesvaus o El Alto Libro del Graal (II)

Josefés nos atestigua que las semblanzas de las ínsulas se transformaban por las distintas aventuras que allí sucedían por el placer de Dios. A los caballeros no les gustaba tanto la búsqueda de aventuras si no las encontraban diferentes, pues si habían entrado en un bosque o en una ínsula donde habían encontrado aventura y volvían otra vez, entonces encontraban fortalezas, castillos y aventuras de otras formas, de modo que no les pesaba el esfuerzo ni el sufrimiento, y porque Dios quería que la tierra se adecuara a la Nueva Ley. Eran los caballeros del mundo que más trabajo tenían para encontrar aventuras y para mantener lo que habían acordado, y de ninguna corte de ningún rey del mundo salieron tan buenos caballeros como los que salían de la corte del rey Artús. Si Dios no los hubiera amado tanto, no habrían podido soportar tantos esfuerzos y sufrimientos como los que aguantaban cada día. Y nadie se debe maravillar si realizaban tantas proezas ni tantas buenas caballerías, pues la mayor parte eran buenos caballeros. No se trataba tan sólo de combatir, sino que eran muy leales y auténticos, y creían firmemente en Dios y en su dulce Madre, temían la vergüenza y amaban el honor.

jueves, 13 de septiembre de 2007

James Joyce, "Ulysses"

...the Greeks and the jews and the Arabs and the devil knows who else from all the ends of Europe and Duke street and the fowl market all clucking outside Larby Sharons and the poor donkeys slipping half asleep and the vague fellows in the cloaks asleep in the shade on the steps and the big wheels of the carts of the bulls and the old castle thousands of years old yes and those handsome Moors all in white and turbans like kings asking you to sit down in their little bit of a shop and Ronda with the old windows of the posadas 2 glancing eyes a lattice hid for her lover to kiss the iron and the wineshops half open at night and the castanets and the night we missed the boat at Algeciras the watchman going about serene with his lamp and O that awful deepdown torrent O and the sea the sea crimson sometimes like fire and the glorious sunsets and the figtrees in the Alameda gardens yes and all the queer little streets and the pink and blue and yellow houses and the rosegardens and the jessamine and geraniums and cactuses and Gibraltar as a girl where I was a Flower of the mountain yes when I put the rose in my hair like the Andalusian girls used or shall I wear a red yes and how he kissed me under the Moorish wall and I thought well as well him as another and then I asked him with my eyes to ask again yes and then he asked me would I yes to say yes my mountain flower and first I put my arms around him yes and drew him down to me so he could feel my breasts all perfume yes and his heart was going like mad and yes I said yes I will Yes.

Jean Baudrillard, "Las estrategias fatales"

Lo mismo ocurre en la historia del Drame Bien Parisien de Alphonse Allais. Dos jóvenes, dos jóvenes amantes, reciben respectivamente una carta anónima, denunciando a cada uno de ellos la infidelidad del otro: si la mujer quiere comprobarlo, no tiene más que ir a tal baile de máscaras- encontrará a su amante, disfrazado de Arlequín. El otro recibe el mismo consejo secreto: ve a tal baile, tu mujer estará allí, disfrazada de Piragua congolesa. La noche en cuestión, en pleno baile de disfraces, dos personajes se aburren en un rincón: un Arlequín y una Piragua congolesa. Finalmente él va hacia ella y la invita. La historia acaba en un reservado, en el que cada cual se lanza a los brazos del otro para arrancarse la máscara. Y -colmo del estupor- dice la historia: ¡NO ERAN NI EL UNO NI LA OTRA!
Todo el encanto ilógico de la historia reside ahí: en el gesto con que ambos se precipitan a sacarse las máscaras y descubren que no hay nada detrás de ellas. Como si ambas máscaras (Arlequín y Piragua congolesa) actuaran por su cuenta, lanzándose el uno hacia el otro, en función de una mera inercia del lenguaje, de relato, cuando no tienen ninguna razón para hacerlo. (Pero ¿por qué milagro, entonces, están ellos allí, por qué conjunción, y dónde se encuentran los otros dos, los auténticos, durante este tiempo? Lo real está out, sólo las apariencias funcionan, y se combinan de acuerdo con su propia lógica, allí donde la lógica hubiera tenido que alejarles para siempre: así es el juego de la apariencia pura).

lunes, 3 de septiembre de 2007

Perlesvaus o El Alto Libro del Grial

Mientras soñaba, pensó que se dirigiría hasta la capilla, pues imaginó que el rey habría entrado allí a rezar. Se dirigió hacia aquella parte y desmontó. Ató su rocín y entró en la capilla. No vio a nadie; ni en un lado ni en otro, excepto a un caballero que yacía en el centro de la capilla sobre una litera y estaba cubierto con una rica tela de seda y a su alrededor había cuatro candelas ardientes en cuatro candelabros de oro. Mucho le maravilló al doncel que hubieran abandonado así a aquel cuerpo, pues no había nadie con él más que las imágenes. Y mucho más le maravilló no encontrar al rey, pues ya no sabía dónde buscarle. Saca una de las candelas, coge el candelabro de oro y se lo mete entre las calzas y el muslo. Sale de la capilla y monta en su rocín. Se marcha, atraviesa el cementerio y sale fuera de la landa para penetrar en el bosque. Y pensó que no se detendría hasta que hubiera encontrado al rey.
En cuanto entró en su camino vio a un hombre negro y horrible que se le acercaba, y era más grande a pie de lo que él lo era a caballo y le pareció que llevaba en la mano un gran cuchillo punzante de dos filos. El doncel se aproxima a él a una gran velocidad y le pregunta:
—Vos que venís por aquí, ¿habéis encontrado en este bosque al rey Artús?
—No, pero os he encontrado a vos y eso me alegra mucho, pues salisteis de la capilla como ladrón y traidor. Os habéis llevado de mala manera el candelabro de oro con el que era honrado el caballero que yace muerto en la capilla. Quiero que me lo entreguéis y lo volveré a llevar allí, o, de otro modo, os desafío.
—A fe mía, no os lo pienso devolver. Me lo llevaré y se lo regalaré al rey Artús.
—Os aseguro que lo pagaréis muy caro si no me lo devolvéis ahora mismo.
Y el doncel pica espuelas creyendo que le va a vencer. Pero el otro se le adelanta, le hiere con el cuchillo en el costado y se lo mete en el cuerpo hasta el mango. El doncel, que yacía en la sala de Carduel, se despierta del sueño y lanza un grito:
—¡Santa María! ¡El sacerdote! ¡Ayudadme, ayudadme, muero!
El rey, la reina y el chamberlán oyeron el grito. Se levantaron y dijeron al rey:
—Señor, ya podéis partir. Ha amanecido.
El rey ordena que le visten y calcen. Y aquél grita con todas sus fuerzas.
—¡Traedme un sacerdote, muero!
El rey se dirige rápidamente hacia allí y la reina y el chamberlán le acompañan con gran cantidad de antorchas. El rey le pregunta qué le ocurre y él le explica lo que ha soñado.
—¡Ah!—exclama el rey—, ¿era sólo un sueño?
—Sí, señor—le responde—. Pero se ha hecho terriblemente verdad.
Alza el brazo izquierdo y continúa diciendo:
—Señor, mirad esto. Ved el cuchillo que me atraviesa el cuerpo hasta el mango.
Luego introduce la mano en sus calzones donde estaba el candelabro de oro. Lo saca y se lo muestra al rey.
—Señor, por este candelabro estoy mortalmente herido. Os lo regalo.
El rey coge el candelabro y lo contempla maravillado, pues nunca había visto uno tan precioso. El rey se lo enseña a la reina.
—Señor—dice el doncel—, no me saquéis el cuchillo del cuerpo hasta que me haya confesado.
(Traducción Victoria Cirlot)

martes, 28 de agosto de 2007

Ciorán, "Breviario de los vencidos"


El tedio parisiense, meridional y balcánico…El tiempo enmohecido sobre las casa, sobre las fachadas que la historia ha salpicado de hollín… Venecia es reconfortante comparada con la cautivadora desesperanza de las calles disolventes de París. Paso por ellas y todas las congojas que provocan las vacilaciones de la fortuna se me antojan sutiles vaivenes, timbres de gloria que me hacen ir codo a codo con la ciudad cansada. ¿En qué creer aquí? ¿En los hombres? Pero si ellos fueron. ¿En los ideales? Después de tantos, implicaría carecer de estilo. Reposo, entonces, en las fatigas de Francia y me elevo hasta el prestigioso hastío de su corazón. (...) Cuando tarde ya, purificado de suspiros nocturnos, das vueltas y más vueltas sin esperanzas y sin desilusiones alrededor de la iglesia de Saint-Severin, de Saint-Etienne-du-Mont o te pasas las horas en la plaza de Saint-Sulpice, esperando una mañana que no deseas, la ciudad despoblada se eleva contigo hacia las inmensas inutilidades del silencio. ¿Sabrás tú hasta dónde la hiedra que flota diseminada allí donde el Sena refleja Notre-Dame, se ha reflejado en ti? A menudo he descendido con ella en el ahogar virtual de sus sinuosidades melancólicas. (...) ¡Maldito rincón del mundo, tu infamia hace reír al tiempo con una mueca burlona y tu desdicha no ha enternecido a ningún corazón delicado deseoso de fúnebres encantos! Visto desde los Balcanes, el universo es un arrabal por el que callejean mujerzuelas sifilíticas y zíngaros asesinos.


jueves, 23 de agosto de 2007

'El otro mes me nivelo', Julio Ramón Ribeyro

-¡Vamos, cholo, éntrale!- gritaron sus secuaces.
Gálvez balanceó los hombros, hizo algunas fintas con su ancha cintura y estirando de pronto un brazó trató de coger una pierna de Alberto, que aprovechó el momento para levantar el otro pie y darle un puntazo en el cuello. En el instante en que Gálvez se cubría, Alberto saltó y sus dos pies martillearon la cara del cholo. Insistió una tercera vez, pero a la cuarta el cholo se agachó y Alberto pasó sobre su cabeza y cayó de cuclillas dentrás de él. Cuando se enderezaba, ya Gálvez había volteado y su puño cerrado le sacudía la cabeza, mientras su pierna izquierda, elevándose, rasgaba el aire buscando su pelvis. Alberto bloqueó el golpe con la rodilla y se alejó para tomar distancia, pero ya el cholo estaba lanzado y lo atenazó de la cintura. Alberto retrocedió sobre sus talones, impidiendo que el cholo pudiera asentarse y levantarlo en vilo, rompió con la espalda el círculo de mirones, siempre con Gálvez prendido de su cintura, que se esforzaba por contenerlos, trastabillaba, hasta que al fin Alberto se detuvo en seco y levantando la rodilla golpeó al cholo en la mandíbula y cuanto éste aflojaba la presión de sus brazos le dio un puñetazo en la nuca y al abandonar su tenaza lo remató con una patada en el estómago.
Gálvez cayó de culo. Parecía un poco mareado. Alberto estuvo a punto de enviarle un puntapié en la cara, pero ya la collera del cholo elevaba la voz, recordando las reglas que no se podían infringir.

lunes, 20 de agosto de 2007

Alejo Carpentier, "La consagración de la primavera"

"Por suerte, hay otra América: la que tú ignoras, como buena europea. Porque, después de pasar varios años en Europa, me he convencido de que, para la gente de acá, América Latina es algo que escapa a toda una escala de cómodas nociones. Es un mundo que rompe con sus viejos cálculos. Por ello, prefiere ignorarlo".- "No me dirá usted que los españoles..."-"Es distinto. Son los parientes que se quedaron en casa. Pero aún así, demasiado insisten algunos en hacernos reverenciar una 'Madre Patria' que, como tal, tiene sus altibajos. Porque, como madre puede quererse, si se llama Mariana Pineda; no, si se trata de Doña Perfecta. Madre, si se casa con Don Quijote o Pedro Crespo; no, si se me abre de piernas a cualquier General Centellas... Pero tú, seguramente, nunca has oído hablar de Pedro Crespo ni de Doña Perfecta"... Protesto, recordándole que en Benicassim me espera un hombre que a fondo conoce la literatura española y me enseñó a amarla. -"Cierto. Perdón. Pero lo que no te dijeron es que, hoy, el chileno, el venezolano, el mexicano, el argentino, muy poco se acuerdan de que fueron españoles en épocas pasadas". -"¿Y por qué está usted aquí, entonces?"-"¡Ay, divina inocencia! Estoy aquí porque hay españoles que pelean por algo que me liga, a mí, habanero de dos generaciones, más cubano que nadie, con los hombres del Quinto Regimiento- esos que tienen detenidos a los moros de Franco en las puertas de Madrid...

miércoles, 15 de agosto de 2007

Carlos Fuentes, "Terra Nostra" [II]

Del cielo descendió la Cábala, traída por los ángeles, para enseñarle al primer hombre, culpable de desobediencia, los medios de reconquistar su nobleza y felicidad primeras. Primero, amarás al Eterno, tu Dios. Es el Anciano entre los ancianos, el Misterio entre los misterios, el Desconocido entre los desconocidos. Antes de crear forma alguna en este mundo, estaba solo, sin forma, sin parecido con nada. ¿Quién podría concebirle como era entonces, antes de la creación, puesto que carecía de forma? Antes de que el Anciano entre los ancianos, el más Escondido entre las cosas escondidas, hubiese preparado las formas de los reyes y las primeras diademas, no había ni límite, ni fin. Así, se dispuso a esculpir esas formas y a trazarlas en imitación de su propia sustancia. Extendió delante de sí un velo y sobre ese velo diseñó a los reyes, les dios sus límites y sus formas, pero no pudieron subsistir. Dios no habitaba entre ellos; Dios no se mostraba aún bajo una forma que le permitiese permanecer presente en medio de la creación, y así, perpetuarla. Los viejos mundos fueron destruidos; mundos informes que llamamos centellas. La creación había fracasado, por ser obra de Dios y permanecer Dios ausente de ella. Así, Dios supo que Él mismo era responsable de la caída y por tanto debería serlo de la redención, pues ambas ocurrían dentro del círculo de los atributos divinos.
Y Dios lloró, diciendo:
-Soy el más Viejo entre los viejos. No existe nadie que me conociese joven.

lunes, 13 de agosto de 2007

William Faulkner, "The Sound and the Fury"

When the shadow of the sash appeared on the curtains it was between seven and eight oclock and then I was in time again, hearing the watch. It was Grandfather's and when Father gave it to me he said I give you the mausoleum of all hope and desire; it's rather excruciating-ly apt that you will use it to gain the reducto absurdum of all human experience which can fit your individual needs no better than it fitted his or his father's. I give it to you not that you may remember time, but that you might forget it now and then for a moment and not spend all your breath trying to conquer it. Because no battle is ever won he said. They are not even fought. The field only reveals to man his own folly and despair, and victory is an illusion of philosophers and fools. It was propped against the collar box and I lay listening to it. Hearing it, that is. I don't suppose anybody ever deliberately listens to a watch or a clock. You dont have to. You can be oblivious to the sound for a long while, then in a second of ticking it can create in the mind unbroken the long diminishing parade of time you didn't hear.

sábado, 11 de agosto de 2007

Edgar Allan Poe, "The Fall of the House of Usher"


During the whole of a dull, dark, and soundless day in the autumn of the year, when the clouds hung oppressively low in the heavens, I had been passing alone, on horseback, through a singularly dreary tract of country; and at length found myself, as the shades of the evening drew on, within view of the melancholy House of Usher. I know not how it was — but, with the first glimpse of the building, a sense of insufferable gloom pervaded my spirit. I say insufferable; for the feeling was unrelieved by any of that half-pleasurable, because poetic, sentiment, with which the mind usually receives even the sternest natural images of the desolate or terrible. I looked upon the scene before me — upon the mere house, and the simple landscape features of the domain — upon the bleak walls — upon the vacant eye-like windows — upon a few rank sedges — and upon a few white trunks of decayed trees — with an utter depression of soul which I can compare to no earthly sensation more properly than to the after-dream of the reveller upon opium — the bitter lapse into everyday life — the hideous dropping off of the veil. There was an iciness, a sinking, a sickening of the heart — an unredeemed dreariness of thought which no goading of the imagination could torture into aught of the sublime. What was it — I paused to think — what was it that so unnerved me in the contemplation of the House of Usher?

viernes, 10 de agosto de 2007

Roland Barthes, "Fragmentos de un discurso amoroso"


Me instalo solo, en un café: vienen a saludarme; me siento rodeado, solicitado, halagado. Pero el otro está ausente; lo convoco en mí mismo para que me retenga al margen de esta complacencia mundana, que me acecha. Apelo así a su “verdad” (la verdad de la que él me da la sensación) contra la histeria de seducción en la que siento deslizarme. Hago responsable a la ausencia del otro de mi mundanidad: invoco su protección, su regreso: que el otro aparezca, que me retire, como una madre que viene a buscar a su hijo, del brillo mundanal, de la infatuación social, que me restituya ‘la intimidad religiosa, la gravedad’ del mundo amoroso.

jueves, 9 de agosto de 2007

Carlos Fuentes, "Terra Nostra"


-Todos los buenos latinoamericanos vienen a morir a París.
Quizás tenía razón. Quizás París era el punto exacto del equilibrio moral, sexual e intelectual entre los dos mundos que nos desgarraron: el germánico y el mediterráneo, el norte y el sur, el anglosajón y el latino. (...) Estás en París, la noche del 31 de diciembre de 1999. Pasaste un día frente al monumento a Jacques Monod, cercano a la estatua de Balzac por Rodin, en el Boulevard Raspail. El azar, capturado por la invariabilidad, se convierte en necesidad. Pero el azar solo, y sólo el azar, es la fuente de toda creación. El azar puro, libertad absoluta pero ciega, es la raíz misma del prodigioso edificio de la evolución. Sin la intervención de este azar creador, todo y todos estaríamos petrificados, conservados como duraznos en lata.

miércoles, 8 de agosto de 2007

Conde de Lautréamont, "Cantos de Maldoror"

Plazca al cielo que el lector, envalentonado y por un instante feroz como lo que lee, encuentre sin desorientarse su camino abrupto y salvaje a través de las ciénagas desoladas de estas páginas sombrías y repletas de ponzoña; pues, a menos que no aporte a su lectura una lógica rigurosa y una tensión espiritual similar como mínimo a su desconfianza, las emanaciones mortales de este libro embeberán su alma como el agua al azúcar. No es bueno que todo el mundo lea estas páginas que siguen; sólo algunos saborearán este fruto amargo sin peligro. Por consiguiente, alma tímida, antes de adentrarte en semejantes landas inexploradas, escucha bien lo que te digo: dirige tus talones hacia atrás y no hacia adelante, como los ojos de un hijo que evita respetuosamente la contemplación augusta del rostro materno; o, mejor, como el lejano ángulo que forman las temblorosas y meditabundas grullas durante el invierno al volar enérgicamente rasgando el silencio, a toda vela, hacia un punto determinado del horizonte, donde nacie un viento extraño y fuerte, preludio de tempestades.
(Traducción de Ana Alonso)

martes, 24 de julio de 2007

Julio Ramón Ribeyro, "Prosas apátridas"

¡Cuántos libros, Dios mío, y qué poco tiempo y a veces qué pocas ganas de leerlos! Mi propia biblioteca, donde antes cada libro que ingresaba era previamente leído y digerido, se va plagando de libros parásitos, que llegan allí muchas veces no se sabe cómo y que por un fenómeno de imantación y de aglutinación contribuyen a cimentar la montaña de lo ilegible y, entre estos libros, perdidos, los que yo he escrito. No digo en cien años, en diez, en viente, ¿qué quedará de todo esto? Quizá sólo los autores que vienen de muy atrás, la docena de clásicos que atraviesan los siglos, a menudo sin ser muy leídos, pero airosos y robustos, por una especie de impulso elemental o de derecho adquirido. Los libros de Camus, de Gide, que hace apenas decenios se leían con tanta pasión, ¿qué interés tienen ahora, a pesar de que fueron escritos con tanto amor y tanta pena? ¿Por qué dentro de ien años se seguirá leyendo a Quevedo y no a Jean Paul Sartre? ¿Por qué a François Villon y no a Carlos Fuentes? ¿Qué cosa hay que poner en una obra para durar? Diríase que la gloria literaria es una lotería y la perduración artística un enigma.

miércoles, 4 de julio de 2007

Joyce, Portrait of the Artist as a Young Man (Rastreando a Dédalo)


APRIL 26. Mother is putting my new secondhand clothes in order. She prays now, she says, that I may learn in my own life and away from home and friends what the heart is and what it feels. Amen. So be it. Welcome, Oh life! I go to encounter for the millionth time the reality of experience and to forge in the smithy of my soul the uncreated conscience of my race.

APRIL 27. Old father, old artificer, stand me now and ever in good
stead.

martes, 19 de junio de 2007

Paul Auster, "The Book of Illusions"

It was a fierce, breathtaking image, and I kept thinking about it for long after I had closed the book and put it on the shelf. Marie-Antoinette's severed head, unearthed from a pit of human remains. In three short sentences, Chateaubriand travels twenty-six years. He goes from flesh to bone, from piquant life to anonymous death, and in the chasm between them lies the experience of an entire generation, the unspoken years of terror, brutality, and madness. I was stunned by the passage, moved by it in a way that no words had moved me in a year and a half. Then, just three days after my accidental encounter with those sentences, I received Alex's letter asking me to translate the book. Was it a coincidence? Of course it was, but at the time I felt as though I had willed it to happen- as though Alex's letter had somehow completed a thought I was unable to finish myself. In the past, I had never been one to believe mystical claptrap of that sort. But when you live as I was living then, all shut up inside yourself and not bothering to look at anything around you, your perspective begins to change. For the fact was that Alex's letter was dated Monday the ninth, and I had received it on Thursday the twelfth, three days later. Which meant that when he was in New York writing to me about the book, I had been in Vermont holding the book in my hands. I don't want to insist on the importance of the connection, but I couldn't help reading it as a sign. It was as if I had asked for something without knowing it, and then suddenly my wish had been granted.

lunes, 18 de junio de 2007

Maestro Eckhart, "El fruto de la nada"

Surrexit autem Saulus de terra apertisque oculis nihil videbat.
Esta palabra, que he pronunciado en latín, la escribe san Lucas in actibus a propósito de San Pablo y suena así: "Saulo se levantó del suelo y, con los ojos abiertos, nada veía." [Hch 9,8].
Me parece que esta palabra tiene cuatro sentidos. Un sentido es éste: cuando se levantó del suelo, con los ojos abiertos, nada veía, y esa nada era Dios; puesto que, cuando ve a Dios, lo llama una nada. El segundo [sentido es]: al levantarse, allí no veía nada sino a Dios. El tercero: en todas las cosas nada veía sino a Dios. El cuarto: al ver a Dios veía todas las cosas como una nada.
Antes [Lucas] ha explicado cómo una luz súbitamente vino del cielo y lo derribó al suelo [Hch 9,3]. Ahora date cuenta de que dice: "una luz vino del cielo." Nuestros mejores maestros dicen que el cielo tiene luz en sí mismo y, sin embargo, no brilla. También el sol tiene luz en sí mismo y, con todo, brilla. Las estrellas también tienen luz, aun cuando afluye a ellas. Nuestros maestros dicen: el fuego, en su pureza simple, natural, en su estado superior, no brilla. Su naturaleza es [allí] tan pura que no hay ojo que lo pueda percibir en modo alguno. Es tan sutil y extraño al ojo que, si estuviera aquí abajo junto al ojo, no podría captarlo con la vista. En un objeto extraño, sin embargo, se le ve bien cuando inflama un pedazo de madera o de carbón.
Por la luz del cielo entendemos la luz que es Dios y que ningún sentido humano puede percibir.
("El fruto de la nada", traducción Amador Vega).

viernes, 15 de junio de 2007

Santiago Gamboa, "Vida feliz de un joven llamado Esteban"

El problema de escribir siendo estudiante de Literatura es que uno tiende a teorizar de antemano lo que todavía no ha escrito o, en el mejor de los casos, ha escrito mal. Estudiando letras uno es tan consciente de todo que no logra sorprenderse con algo fresco, sin el peso de las ideas aprendidas en los tratados de estética. Yo luché contra eso y no sé si gané, pero sí sé que esa lucha me permitió seguir escribiendo. Me enseñó que todo era posible con disciplina y sobre todo con la fuerza para romper lo que es dudoso, sin contemplaciones, olvidando la arrogancia del que cree saber mucho sobre algo que, sin embargo, no es capaz de crear.

Oscar Wilde, "The Decay of Lying"

Art finds her own perfection within, and not outside of, herself. She is not to be judged by any external standard of resemblance. She is a veil, rather than a mirror. She has flowers that no forests know of, birds that no woodland possesses. She makes and unmakes many worlds, and can draw the moon from heaven with a scarlet thread.

(The Decay of Lying)


jueves, 14 de junio de 2007

Baudelaire, "premier voyant, roi des poètes"


..nous arrivons a cette vérité que tout est hiéroglyphique, et nous savons que les symboles ne sont obscures que d’une manière relative, c’est-à-dire selon la pureté, la bonne volonté ou la clairvoyance native des âmes. Or qu’est-ce qu’un poète (je prends le mot dans son acception la plus large), si ce n’est un traducteur, un déchiffreur? «Reflexions sur quelques-uns de mes contemporains, «Victor Hugo » (1861)